«El otro, el mismo»

Rodolfo Opazo: introspección, mística y lenguaje surrealista

Rodolfo Opazo (Santiago de Chile, 1935-2019) es uno de los artistas chilenos contemporáneos con mayor reconocimiento internacional. Su obra evoluciona de la abstracción a la neofiguración, con una estética y temáticas que lo han vinculado con el surrealismo en América Latina. A partir de los años 80 se centra en la exploración de la psique humana, la identidad, la soledad y la dimensión simbólica de la existencia.

En su lenguaje lo vemos representado a partir de cuerpos fragmentados, espacios ambiguos y escenas que parecen coexistir en distintas dimensiones. Esta tensión entre lo visible y lo interior convierte su pintura en un territorio de reflexión psicológica y espiritual, con un alto componente simbólico.

A lo largo de su trayectoria, el artista incorpora referencias literarias, filosóficas y místicas que amplían el sentido de sus composiciones. En este contexto se sitúa la obra “El otro, el mismo”, realizada en 1964, cuyo título alude directamente al libro homónimo de Jorge Luis Borges, publicado ese mismo año. Esta referencia no funciona únicamente como una cita literaria, sino como una clave de lectura que permite conectar la pintura de Opazo con algunas de las preocupaciones centrales del escritor argentino.

“El otro, el mismo”: diálogo entre Rodolfo Opazo y Jorge Luis Borges

La relación entre la obra plástica de Rodolfo Opazo y la obra literaria de Jorge Luis Borges se establece a partir de una misma inquietud: la búsqueda de sentido en un mundo fragmentario, inestable y difícil de abarcar desde una única verdad. En El otro, el mismo, Borges reúne poemas de distintas etapas y temáticas, construyendo una reflexión sobre la identidad, el lenguaje, la memoria y los límites del conocimiento.

En esta recopilación, Borges cuestiona la posibilidad de una verdad absoluta y plantea la insuficiencia de cualquier discurso totalizante ya sea científico, filosófico, religioso o literario para explicar la realidad en su totalidad. Sin embargo, también reconoce que el ser humano necesita construir esas verdades, esas narrativas capaces de ordenar la experiencia y ofrecer una forma de permanencia frente al desconcierto.

Esta tensión entre certeza e incertidumbre conecta directamente con el universo pictórico de Opazo. Sus figuras, espacios y símbolos no ofrecen una lectura cerrada, sino que invitan a recorrer un mundo interior donde lo racional convive con lo onírico y lo místico. La referencia a Borges permite, por tanto, ampliar la interpretación de la pintura: no se trata solo de una obra de carácter surrealista, sino de una reflexión visual sobre la identidad, el desdoblamiento y la imposibilidad de comprender plenamente al ser humano.

La propia concepción borgeana del lenguaje como una forma ligada a lo irracional y a lo mágico encuentra eco en la pintura de Opazo. En ambos casos, la creación artística aparece como un intento de acceder a aquello que escapa a la lógica, ya sea a través de la palabra poética o de la imagen pictórica.

Surrealismo, condición humana y dimensión social en la obra de Opazo

La actitud introspectiva de Rodolfo Opazo se traduce formalmente en una pintura cambiante, compleja y cargada de tensión simbólica. En sus composiciones parecen superponerse varias escenas o dimensiones, generando una sensación de inestabilidad que remite al mundo de los sueños, la memoria y el inconsciente. Esta construcción visual, unida a su interés por la mística y por el interior del ser humano, sitúa su obra próxima al surrealismo.

A partir de los años ochenta, su pintura intensifica la reflexión sobre la condición del hombre contemporáneo. Las figuras aparecen enfrentadas a su dolor, su soledad y su fragilidad, mientras el color adquiere mayor fuerza expresiva y las formas comienzan de nuevo a descomponerse en relación con el paisaje. Esta evolución no rompe con sus preocupaciones anteriores, sino que las amplía hacia una lectura más existencial y social.

En este sentido, la obra de Opazo articula una mirada profundamente humana: parte de la exploración interior, pero no se limita a ella. Sus imágenes hablan también de la vulnerabilidad del individuo moderno, de su dificultad para reconocerse a sí mismo y de la necesidad de construir símbolos, relatos y formas de sentido frente a la incertidumbre.

Por ello, “El otro, el mismo” puede entenderse como una pieza especialmente significativa dentro de su producción. La conexión con Borges refuerza la lectura de una obra donde identidad, lenguaje, misterio y desdoblamiento se entrelazan. Opazo no ilustra el texto literario, sino que establece con él un diálogo visual, convirtiendo la pintura en un espacio donde lo íntimo, lo simbólico y lo universal convergen.

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Referencias

SÁNCHEZ NOGUERA, Jorge Mario. “El escritor múltiple: una revisión de El otro, el mismo de Jorge Luis Borges”. Cuadernos de Literatura [en linea]. Vol, N 29, 2011, págs..: 46-58. ISSN: 0122-8102. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5228703

Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Rodolfo Opazo. Biografías y Vidas: La enciclopedia biográfica en línea. En: https://www.biografiasyvidas.com/biografia/o/opazo.htm

International Center for the Arts of the Americas. (s.f.). [Título del registro/ítem según el documento] Documents of Twentieth-Century Latin American and Latino Art. En: https://icaa.mfah.org/s/es/item/756891

Artpost. (2023, 15 de febrero). Rodolfo Opazo: La influencia del expresionismo neofiguracionista en la generación del ’80. En: https://artpost.cl/rodolfo-opazo-la-influencia-del-expresionismo-neofiguracionista-en-la-generacion-del-80/

Fecha de consulta: 06/10/2026]

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