En este espacio, la materia y la sensorialidad toman protagonismo. La instalación invita a recorrer la naturaleza a través del olfato y el tacto, transformando la experiencia de las plantas en un juego de percepción consciente. Los participantes pueden reconocer texturas, descubrir aromas y conectar cada olor con un recuerdo, una emoción o un instante personal.
Un lugar para tocar, oler, sentir… y dejar que los sentidos guíen la memoria y la imaginación, transformando la visita en un recorrido activo y vivo por lo que nos conecta con nuestro entorno y con nosotras mismas.
Esta propuesta lúdica y participativa dialoga con el herbario colectivo del primer espacio, recuperando la temática las plantas medicinales y otros elementos del territorio, aunque en este caso la invitación es a despertar los saberes a través de la memoria sensorial.