El_Laboratorio: un espacio de curaduría comunitaria
¿Cómo se construye una exposición cuando quienes la visitan también pueden pensarla, decidirla y hacerla posible?
El_Laboratorio fue el espacio de encuentro, escucha y creación colectiva del proyecto educativo y participativo (i)realidades del Museo Ralli Marbella. En sus sesiones, personas de edades, perfiles y experiencias diversas se reunieron para reflexionar sobre el arte, los museos y los temas que atravesaban la primera exposición del proyecto, Memorias de la tierra. Leónidas Gambartes (2025–2026): el territorio, la memoria, la identidad y la ritualidad.
(i)realidades fue concebido desde el inicio como un proyecto formado por dos exposiciones y un amplio programa educativo. La primera muestra abría un espacio para experimentar, dialogar y compartir pensamientos, emociones y vivencias a través de talleres, visitas en sala y propuestas en la web. La segunda exposición, aún por definir en aquel momento, recogería parte de todo lo generado durante ese proceso.
De esa idea nació El_Laboratorio. Si la nueva muestra iba a hablar de las personas y de la comunidad en torno al museo, no podía construirse únicamente desde el museo: la comunidad debía formar parte de las decisiones sobre qué contar y cómo hacerlo.
A lo largo de nueve sesiones, desarrolladas durante un año, el grupo exploró las aportaciones surgidas del programa educativo y debatió sobre el papel del arte y los museos en la actualidad. El trabajo avanzó desde la reflexión y la investigación hasta las decisiones prácticas necesarias para dar forma a una exposición.
El resultado de este proceso fue Habitar las raíces. Prácticas sensoriales en territorio, una exposición creada desde la escucha, el intercambio y la participación compartida.
Un museo como espacio de escucha
Con El_Laboratorio se planteó al museo como un lugar para encontrarse, conversar y construir sentidos compartidos. El proceso permitió reconocer inquietudes que atravesaban muchas de las experiencias compartidas: la necesidad de pertenecer y conectar; las raíces, la familia y la memoria; la relación con la naturaleza; los vínculos entre lo individual y lo colectivo; el arraigo, la migración, la soledad, el cuidado y la esperanza. En un contexto marcado por la inmediatez y la sobreinformación, surgió el deseo de crear un lugar para detenerse, sentir y reconocerse junto a otras personas.
Del pensamiento colectivo a la sala
Curar una exposición significa ordenar ideas, materiales y experiencias para construir un relato. En este caso, esa narración no partía de una única voz: se fue formando a través del diálogo entre los públicos participantes, el equipo del museo, las propuestas educativas y la obra de Gambartes.
En un primer momento se analizaron los procesos participativos desarrollados en Memorias de la tierra. Leónidas Gambartes: talleres, dispositivos pedagógicos en sala y web, el mural de memoria colectiva, el mapa conceptual sobre el territorio, la pared interactiva y las propias obras de Leónidas Gambartes. Todo este material, formado por creaciones, palabras, gestos, recuerdos y conversaciones se convirtió en el punto de partida de una nueva narrativa expositiva.
Las sesiones incluyeron tanto dinámicas de análisis como mapeo colectivo e investigación visual. Poniendo en práctica las mismas metodologías corporizadas presentes en el programa educativo, e inspirado, entre otras referencias, por la ciudad de Ersilia de Italo Calvino, el grupo creó una red conceptual en el que primaban las relaciones entre conceptos. Raíces, viaje, territorio, memoria, emociones, comunidad, naturaleza y hogar se conectaron para dar forma al universo de la exposición.
El objetivo no era trasladar literalmente a la sala los resultados de cada taller o dispositivo, sino transformar las ideas y experiencias recogidas en una propuesta artística y sensorial coherente. Así, las contribuciones de los públicos se integrarían mediante distintos formatos, narrativas, referencias y recursos espaciales. Para ello, se analizaron artistas, instalaciones y distintos lenguajes expositivos para ampliar nuestras referencias y las posibilidades de representación.
A lo largo de las sesiones iban tomando forma cuestiones claves, que pasarían a conformar el enfoque curatorial.
Se apuntó desde un inicio la idoneidad de que la exposición resultante incorporase obras originales de Gambartes como detonantes y contexto, junto a nuevas propuestas que dialogan con ellas.
Por otro lado, estas propuestas que transmitirían las vivencias de los públicos no podían ser literales, pues era demasiado contenido, y en la cantidad se perdía la esencia de lo transmitido. Debían pues ser fieles y transmitir, pero no tenían por qué ser literales o representativas.
Para ello, el uso del sonido, el audiovisual, la iluminación, el color y diferentes espacios del museo se propusieron como recursos a emplear, por su capacidad de evocar, acompañar e invitar a una experiencia más atenta y emocional.
Una experiencia para sentir antes que explicar
Del mismo modo que tomaban claridad algunas ideas, otras tenían que ser descartadas. Una de las decisiones más significativas que se tomaron fue priorizar la experiencia sensorial de las personas visitantes. Por ello, se optó por reducir la información en sala y prescindir de códigos QR (que inicialmente iban a servir para contextualizar la exposición en relación con el programa educativo del que surge), así como de otros elementos que requirieran el uso del teléfono móvil durante el recorrido. La intención era dejar espacio a la escucha, la observación y la emoción; permitir que las instalaciones y sus relaciones hablaran por sí mismas.
Sin embargo, a pesar de esta apuesta en sala, el proyecto digital sigue siendo un fuerte dentro de (i)realidades: así, la web permite y funciona como esta exposición expandida que muestra la red que une y conforma ambas etapas del proyecto. En ella, quienes lo deseen pueden profundizar en los contenidos, conocer los procesos participativos y acercarse de forma más explícita a los testimonios y creaciones que han dado origen a la muestra.
Afectar y dejarse afectar
El_Laboratorio no fue un proceso exento de retos. Formar y sostener un grupo más o menos estable, equilibrar los tiempos institucionales con los ritmos de escucha y participación, o negociar entre lo deseado y lo posible fueron parte fundamental del aprendizaje. Precisamente ahí residió uno de sus mayores valores: las personas participantes dejaron de ocupar únicamente el lugar de público para asumir, progresivamente, la responsabilidad de pensar como quienes construyen una exposición.
Por su parte, el museo debía ser fiel al espacio de escucha y horizontalidad que había propuesto, y servir como herramienta para materializar las propuestas surgidas del grupo, lejos de tratar de materializar las suyas propias.
Habitar las raíces
Habitar las raíces. Prácticas sensoriales en territorio es el resultado de este recorrido compartido. No es una exposición de resultados educativos entendidos como productos finales, sino la materialización cuidada de un proceso de escucha, conceptualización y creación colectiva. Recoge las huellas de un año de conversaciones, talleres, preguntas, afectos y decisiones, y las transforma en una experiencia expositiva abierta a nuevos públicos.
La muestra habla de las personas que participaron en el proyecto, de sus testimonios y sus creaciones, pero también está curada desde su mirada y pensada para que otras personas puedan reconocerse en ella. En este sentido, El_Laboratorio demuestra que una curaduría educativa puede ampliar las narrativas del museo, incorporar saberes y sensibilidades diversas y situar lo humano, lo común y lo compartido en el centro.



